Globos de helio multicolores, bolsas de regalo, peluches, parejas abrazándose, besos, confesiones, frases cursis... eso era lo que rodeaba a Yamile desde el momento en que bajó del transporte que la dejaba en la escuela.
Había pensado que el 14 de Febrero quedaría atrás con el fin de semana. Pero al parecer había parejas empedernidas a las que a pesar de ser 15 de Febrero ya, sentían la necesidad de presumir su amor; o bien que se sentían lo suficientemente culpables con sus novios, como para no regalarles nada aun cuando no se habían visto aquel domingo. Y eso hacía sentir a Yamile un vacío gigantesco en el estomago...
Jamás había sido la típica chica cursi que creía "hermoso" al día de San Valentin. De hecho, aquel día siempre le había parecido una reverenda tontería... no era más que una excusa barata para muchos. ¿Qué el "amor" no se podía expresar cualquier día o todos los días del año? ¿Acaso sólo amabas a alguién hasta que le dabas un absurdo regalo que probablemente no le gustara?
Exhaló. Por un momento deseo que el día 14 de Febrero quedara muy atrás... lejos, donde no pudiera molestarla.
Sin embargo, no eran esas demostraciones de cariño lo que la molestaba y causaba ese vacío... si no que había otra emoción en la que había evitado pensar todo el fin de semana. Esa emoción era un miedo, que se afanaba en ocultar debajo de esa... "repulsión". Pero entre más se acercaba a la puerta de la escuela, le temblaban cada vez más las piernas, recordándole aquello.
Aquel día estaba tan nerviosa y expectante, que sin darse cuenta se había dado demasiada prisa; y ahora estaba afuera de la escuela, una hora antes de lo que debía para entrar a clases. Suspiró, frustrada y asustada.
La verdad es que quería correr lejos y ocultarse, pues ahora, el haber llegado temprano podría hacer que viese a Akita llegar. ¿Y qué si él venía sonriente? ¿Significaría aquello que si había recibido una declaración ayer? ¿Y si venía con un regalo para declararse él. a alguien más?...
Sacudió la cabeza para borrar eso de su mente; no debía preocuparse... entonces, decidió que lo mejor era entrar para no ver el momento en el que él llegara.
Y adentro fue aún peor. Las cosas rebosaban aún más de cursilerísmos..... pero... quizá pudiera sacarle provecho a aquello. Y por un momento se imaginó a si misma aprovechando eso, para acercarse a Akita con la excusa de que era como festejo también del "día de la amistad"... y quizá pudiera confesarse y volverlo "día del amor"... bueno, sólo era un quizá.
― ¿Yamile? ― escuchó a la voz de Kenta, a unos pasos a un lado de ella. Se giró y lo encaró. ― ¿Qué estás haciendo tan temprano aquí?
― Ah... simplemente llegué antes ― dijo ella tratando de ocultar su nerviosismo.
― Pues me alegra verte desde antes ― le respondió él.
― ¿Tú por qué llegaste temprano? ― cambió el tema Yami, fingiendo no haberlo escuchado.
― Pues... tenía la esperanza de ver a alguien a quien quiero mucho. Además, tengo entrenamiento en el gimnasio....― Oh.... pues... pues no suena mal ― ella comenzaba a sentirse incómoda.
― ¿Quisieras acompañarme a ver el entrenamiento? ― parecía entusiasmado con aquello.
Ella lo pensó un par de segundos. Bueno, no tenía nada mejor que hacer... además, quizá ahí encontrara a Akita.... ― Sip, quiero ir ― Y ambos comenzaron a caminar hacía el área del gimnasio.
***
Cuando Yami regresaba al salón, iba sola, pues sus amigos se habían quedado en los vestidores para cambiarse y ducharse. Había sido una clase interesante; sobretodo le había encantado mirar a Akita. Debía admitir que aunque era algo muy sencillo, le gustó ver esa demostración de fuerza de él... y darse cuenta que no nada más se trataba de la fuerza natural de su complexión, si no por los músculos que se iban formando y que comenzaban a notarse.
Se sonrojó pensando en aquello. Aún le era extraño encontrarse pensando en Akita de ese modo... era el primer chico que le causaba atracción física incluso... ¿Era eso extraño?
Iba pensando en aquello, cuando una sonriente chica de cabello rosado, se le acercó corriendo mientras llevaba en brazos un peluche y un globo de helio que se movía al compás de su carrera.
― ¡Feliz día, tontita! Eres mi mejor amiga... ― le dijo Akane ― ... bueno, en ésta escuela ― completó. Y le dio un abrazó demasiado asfixiante, y más considerando que aquel ostentoso peluche fue parte del abrazo.
"I love you, I love you, I love you."... eso fue lo que se escuchó con un ruido chillon, en cuanto aquel perro de tela fue apretujado por el cuerpo de ambas chicas.
― ¿Qué es eso? ― preguntó extrañada Yamile.
― Oh. Son los regalos que me ha dado Yoshiro... ¿No son adorables? ― puso una mueca de felicidad en la cara ― ¿Ya escuchaste? Me dio éste peluche que dice que me ama... es tan bonito. Creo que cada día quiero mucho más a mi novio.
Yamile en cambio, hizo una mueca que bien pudo interpretarse como cuando ves algo chocante. Pensaba que aquello era un gesto que sobrepasaba sus límites.... no podría aceptar un regalo taaaaaan cursi. Y eso que ella era una sentimental.
― Esa mueca debe ser de envidia ― le dijo Akane con una risita ― Porque a ti nadie te ha dado nada como ésto.
― No, créeme que no quisiera que me dieran algo tan.... ugh. Soy cursi, pero no a ese grado ― y miró al peluche con disgusto.
Akane le sacó la lengua como niña pequeña y luego le sonrió. Y ambas comenzaron a avanzar hacía el salón ― ¿Ya has visto a Akita, por cierto? ¿Te has declarado?
― Sí, ya lo vi.... y no, no he podido ni hablar con él.
Y de pronto, alguien separó a las chicas, colocándose entre ellas; y fueron rodeadas de los hombros, cada una por un brazo masculino. Fue como si él hubiera sido invocado y repentinamente hubiese aparecido. Saludo a ambas y las acompañó al aula.
Una vez en el aula, Yamile tomo asiento e inmediatamente Akita se sentó en la banca tras ella. Eso dio inicio a un día de lo más curioso...
Durante el resto del día, no hablaban demasiado, pues al menos Yamile estuvo demasiado nerviosa como para entablar una conversación continua.... y el motivo de su nerviosismo, fue que él estuvo todo el día pegado a ella. No fue como si ella protestara, de hecho le agradaba, pero eso no aminoraba sus nervios.
No pudo prestar atención a las pocas clases que tuvo, ni pudo evitar sonrojarse cada vez que él se acercaba.
Hubo un momento en el día, en que ambos fueron a dar una vuelta por la escuela, caminando juntos hacía la cafetería y de regreso al aula. De hecho, Akita iba abrazando a Yamile, que sentía la cara ardiendo... ¿Esa cercanía significaba que Akita estaba interesado en ella? ¿Estaba él aprovechando también ese día? ¿O sólo significaba una manera de demostrar su cercanía como amigos? Iba ella dándole vueltas a aquello, cuando de pronto miró a Akane y Kenta mirándolos a la distancia; su amiga estaba riendo, y le hizo una seña para que se acercara.
― ¿Me disculpas? ― le dijo a Akita ― Debo ir con... ― hizo una seña en dirección a su amiga.
― Claro. Ve.
Y la pequeña chica avanzó hacía Akane.
― Eeeea, ¡Yamile! Están muy unidos hoy, ¿no? ― sonreía ― ¿Eso quiere decir que finalmente se han declarado y ya son novios?
― No... aún no lo he hecho.
― ¡¿Qué?! Pues deberías hacerlo... se ven muy bonitos juntos. Se les ve a ambos una sonrisa tímida y los ojos brillantes ― aquello hizo que el color subiera de inmediato al rostro de Yami. ¿De verdad podían ser una buena pareja? Pero justo entonces, pudo notar que Kenta (que estaba a un par de metros) la miraba con un gesto de molestia. Misma emoción que se acrecentaba al mirar al sonriente Akita... ¿Le molestaba aquello?
― No te preocupes por Kenta ― le dijo Akane, leyéndole el pensamiento ― Haz lo que a ti te plazca, no pienses por ahora en sus caprichos... ¡Ya dile lo que sientes!
Y la chica lo sabía, ya estaba oscureciendo lentamente y se le estaba acabando el tiempo. Aún así, terminaron las clases, y seguía sin ser directa con Akita. Por ello, cuando finalmente salieron del plantel, las cosas seguían "igual".
― ¿Tienes frío,? ― le pregunto Kenta, al verla temblar.
― S-sí... y eso que traigo chamarra.
Y antes de que él comenzara a quitarse la chamarra, ella sintió que algo le cubría los hombros. Era la chamarra de Akita, que le quedaba tan gigante como una cobija; y acto seguido él la enrrollo con ella, eso impidió que ella pudiera mover los brazos. Y luego la envolvió con sus brazos por detrás ― Tengo un taquito de Yami ― le susurró.
Todo eso fue suficiente para que el frío se le quitara a la chica. No supo si era por la chamarra... aunque adjudicaba más el hecho a qué él estuviera tan cerca; pues también podía sentir a su corazón latir desbocado. Y una risa alegre se escapó entre sus labios.
― ¿Podría hablar contigo... a solas? ― se atrevió finalmente a susurrarle.
― Claro ― dijo él sonriéndole cálidamente.
Ella sacó un brazo por debajo de la chamarra, y lo sujeto de la mano; luego lo llevo lejos, a donde no pudieran escucharlos los demás.
Podía escuchar a su corazón latir con fuerza, ensordeciéndola. Sentía sus piernas temblar y el calor sobre su piel.
Y como si el clima supiera que había que hacer algo, comenzó a caer una lluvia suave, capaz de bajar el calor asfixiante en ella y e infundirle el valor. Los ojos de ambos brillaban...
― T-tal vez... ya te hayas dado cuenta... de lo que sien-siento.... de mis senti-ti-mientos.... ― Tartamudeaba de nervios. Y suspiró, sintiendo como los ojos de Akita la miraban fijamente y que le robaban el aliento ― ... ésto que siento.... por ti. Porque me gustas; porque tú eres esa persona importante para mi ― De pronto su voz se hizo más segura. Finalmente lo había dicho; y luego se quedo callada. Se sentía avergonzada, no de haberse declarado, sino de no haber sido tan clara como hubiera querido.
Pero él se acercó y mirandola aun a los ojos, le dijo ― Yo siento lo mismo por tí ― No hubo falta decir nada más. Luego la rodeo entre sus brazos y le beso la frente. Ella se sentía cómoda, cobijada y feliz; incluso aunque la lluvia los mojaba, sentía que él también estaba ardiendo.
No existía nada para Yami. Sólo sentía los brazos de él, los latidos del corazón de él y su respiración acompasada, que la tranquilizaba. Y cuando inspiró el aroma en la chamarra y cuerpo de él, sintió como se perdía totalmente. Se sentía sumamente feliz.
Jamás olvidaría esa noche.
Y cuando pensaba que ya todo había pasado, y que nada podía salir ya mal.... una luz la cegó. Pudo reconocer a través de la luz, el auto que acababa de llegar; era el coche de su padre, quién miraba la escena fijamente (y parecía que lo hacía, con el ceño fruncido).
― Debo irme ― le dijo, deseando con todas sus fuerzas que Akita no malinterpretara aquello. Ya le explicaría en cuanto pudiera, lo que pasó en ese momento.
― Oh.... de acueeerdo. ― Él se agachó y volvió a besar su frente, y luego su mejilla. Y sin más ella se quitó la chamarra de él y se la entregó.
La chica avanzó con miedo hacía el auto. Su padre se veía molesto, y lo confirmó en cuanto subió y tomo asiento.
― ¿Quién es él? ¿Por qué te abrazaba?
― Es Akita... déjala de molest... ― comenzó a decir la madre, pero él la interrumpió.
― No te pregunté a ti.
― Tenía frío y me prestó su chamarra, y luego me abrazó ― No le dijo toda la verdad, por miedo; pero tampoco le mintió. Le asustaba mucho su padre enojado.
― Mañana traerás doble chamarra si es necesario. No quiero que cualquier tipo te esté abrazando ― Y en el resto del camino, no dijo nada más, ni permitió que ella lo dijera.
Aun así, pese al miedo.... ella sonreía enormemente por dentro. Finalmente lo había hecho; por fin se había declarado y había recibido la respuesta que había deseado escuchar.
Ella quería a Akita, y era algo reciproco.
Ahora, sólo esperaría para poder volver a verlo. Todo saldría bien.
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martes, 11 de marzo de 2014
viernes, 7 de marzo de 2014
Capítulo 44: "Avanzando un poco más".
Yami iba enfadada, caminando por la acera. Su madre la había acompañado aquel día la mitad del camino hasta la escuela, y no había parado de regañarla por cosas vanas. Sobretodo porque llegaría tarde.
Así que cuando cruzó el umbral hacía el patio, estaba molesta, a pesar de que era viernes y eso significaba la entrada al fin de semana.
Pero de inmediato ese ánimo se desvaneció; pues a unos cuantos pasos de la entrada estaban Akita y Kenta. Fue obvio el por qué Yami se alegró... ― ¿Qué hacen aquí? ― les preguntó ― ¿No se supone que deberían entrar a clases?
― ¿Has visto la hora? ― inquirió el chico bajito.
― Si ya sé... es tarde....
― Entonces, ya no podemos entrar a clase. Ya sabes que la maestra se pone pesada si llegamos tarde... ― expuso Kenta.
― Además, no entrar a clases de vez en cuando, es divertido ― terció Akita, acercándose más a Yamile con una sonrisa.
Aquello dejó a la chica sin aliento durante un par de segundos. Aún tener a Akita tan cerca, era algo que la desconcertaba; porque en cuanto sentía la presencia del chico frente a ella, tenía el fuerte impulso de arrojarse sobre él, abrazarlo... y sí, de paso besarlo. Así que agachó la vista, sonrojada.
Cada vez le era más difícil ocultar lo que sentía....
De pronto recordó algo y alzó la vista de golpe para mirarlo; anoche le había dado el dibujo a Akita... ¿Lo habría visto ya? ¿Habría entendido lo que eso significaba? ¿Qué pasaría ahora? Y estuvo a punto de decirlo... sin tapujos, sin trabas ni indirectas... quizá eso era lo que Akita quería; lo que ella necesitaba. Confesándose así, frente a frente, podrían dejar las cosas en claro...
― ¿Qué pasa? ― preguntó Kenta, mirándolos. Cortando sin querer -o muy probablemente, a propósito- ese momento entre ellos.
― No... nada ― dijo ella, bajando de nuevo el rostro y sacudiendo la cabeza. Ya habría tiempo después...
Los tres comenzaron a caminar, mientras conversaban... aunque a la distancia cualquiera habría notado que ahí había una nota discordante... esa nota era Kenta. Los otros dos jovenes andaban y casi sin querer, mostraban más atención el uno por el otro, al grado de que básicamente ella sólo iba acompañando a Akita; pero claro, aquel chico de rasgos graciosos y pequeño, no iba a dejar que la chica a la que quería, estuviera muy cerca de alguien más.
― ¿Entonces Yamile? ¿Qué dices de eso? ― preguntó Kenta, tratando de llamar su atención a como fuera.
― ¿Ehh? ¿Sobre qué? ― Se vio obligada a preguntar ella, desconcertada y avergonzada; admitiendo con ésto, que tan poca atención le había prestado a su amigo ante la presencia del chico que le gustaba.
Kenta sonrió, un poco incómodo. No esperaba que ella lo ingorara... sin embargo, fue peor en cuando Akita la llamó y de inmediato ella acudió a él... debía ser doloroso para aquel chico ver ese tipo de situaciones, pero al parecer, a ellos no les importaba mucho.
― ¿Qué pasa? ― preguntó ella, en cuanto estuvo con la atención de vuelta en Akita.
― Me he torcido el tobillo... ¿Podría recargarme en ti? ― le dijo él.
Yami estuvo a punto de soltar una risa incrédula. Podía darse cuenta que Akita no era de esos chicos que se quejaban demasiado por una simple torcedura, que por demás, no debía ser grande porque lo había visto caminar como si nada.... por ello, no necesitaba usarla a ella como una especie de muleta. Sin embargo, le sonrió gustosa y accedió.
Entonces, él la dejo muda por un par de segundos. Pues en vez de utilizarla como recargadera, simplemente le dio un abrazo. Yami sintió como su cuerpo reaccionaba ante aquello... como sus mejillas se sonrojaban y como su piel hervía donde estaban los brazos de él. Pudo haber girado el rostro y haberlo besado... pero no se atrevió. No pensaba que un beso en esas circunstancias, fuera la mejor opción...
De pronto, Akita se separó sin quitarle uno de los brazos del hombro, y le hizo un ademán para que empezaran a caminar. Los tres avanzaron por la escuela, hasta llegar al patio trasero de la escuela, en donde se encontraron con varios amigos de Akita. El único chico al que ella reconoció fue a Yoshiro (aquel chico curioso de cabello semilargo y con el piercing en la lengua), pero de algún modo, pronto todos comenzaron a entablarle conversación.
Akita poco a poco se integró al grupo, y de algún modo, como ella llegó ahí por él, decidió que era mejor acoplarse y comenzó a hablar con un chico que llevaba una guitarra y que comenzó a tocar un par de canciones que a ella le gustaban. Era un chico alto, robusto y de cabello un poco claro. Ambos comenzaron a hablar bien, pero de algún modo, la mala memoria de Yamile hizo que no recordara su nombre. Aún así, eso no evitó que él si recordara el de ella y que se despidiera de ella... a veces ella misma pensaba, que era muy despistada con la gente; pero si que recordaría como él tocaba la guitarra...
***
Cuando Yamile regresaba al salón -únicamente seguida por Kenta, ya que Akita se había quedado con el resto de chicos-, Akane la esperaba en el pasillo con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándola tal como una madre miraría a sus hijos al pillarlos en alguna travesura.
― ¿Qué pasa? ― le preguntó la chica a su amiga, al mirarla en tal estado.
― Te saltaste la clase ― le dijo acusadoramente.
― Ah... ― estuvo a punto de reír ante tal comentario ― Llegué tarde, además me encontré con Akita y con Kenta... y conocí a.... ― pero Akane la interrumpió.
― Yamile Genji, usted no debería hacer eso...
Yami pasó de largo frente a ella, entró al salón y se sentó en su lugar habitual. Akane solía ser muy pesada y no quería que eso afectara su actual ánimo alegre. Quizá era algo muy egoísta, pues sólo estaba pensando en lo que ella quería... pero le molestaba mucho que su amiga se tomara esa actitud.
Así que el resto del día, Akane se mostró enojada con la chica... incluso Kenta parecía molesto, y no lo culpaba, pues todo el tiempo había sido "ignorado". Así que ese día ambos permanecieron sin prestarle atención a la chica.
***
Cuando Yamile salió, como su amiga seguía "enfadada" (aunque quizá el término correcto era "haciendo berrinche" por no poder aplacar a Yami), se quedó sola esperando a que pasaran por ella. De pronto, sintió cuando Takeshi le posó la mano en el hombro para hacerla voltear a verlo; pero cuando ella giró, su atención se centró de inmediato en el chico que venía caminando unos pasos por detrás de él.
Era irónico, que hace tan sólo unos meses habría prestado más atención al mismo Takeshi, sólo por el "encaprichamiento" que sintió por él...; pero que en ese instante, parecía que todo se hubiera invertido; e incluso involuntariamente, alguien como Akita llamaba aún más su atención.... ¿Sería ésto otro encaprichamiento?
Takeshi abrió y cerró la boca, en un ademán que indicaba claramente que quería decirle algo, pero no estaba muy seguro. Sin embargo, fue interrumpido por Akita, quien al estar a la misma distancia que ellos, le dijo a Yamile.
― Esteee... ¿Podría hablar contigo, sobre algo? ― Y le brindó una sonrisa cálida, desarmándola de cualquier posibilidad de rechazar aquello.
― Por supuesto. ― Entonces él le puso un brazo alrededor de los hombros y la apartó de Takeshi, que aún los miraba desconcertado.
Cuando ambos estuvieron suficientemente alejados, se detuvieron y ella agachó la vista "¿Ha llegado el momentó? - pensó - "¿Debo confesarme ahora, o esperar a que él hable?"
Sintió como sus manos comenzaban a temblar de nerviosismo. Y dio un respingo cuando su celular comenzó a vibrar, tras un mensaje.
― ¿Qué pasa? ― le preguntó Akita, al percatarse del sobresalto.
― No, nada... simplemente mi mamá, que me ha avisado que mi padre no ha regresado de trabajar. Y que pasara por mi en el auto de mi tío.
― Oh... ya veo ― dijo simplemente él. Suspiró y la miró fijamente a la cara. Luego se hizo un silencio un poco corto...
― Hermanita... ― Comenzó a decirle él. ― Sé que últimamente has estado... triste... y he leído en internet, que hay alguien que te gusta. ― Ella sintió miedo... el momento se acercaba ― Pero.... yo me preguntaba.... ¿Podrías decirme quién es esa persona? ― hizo una pausa ― ¿Quién te gusta? ¿A quién quieres tanto, hermanita?
Yamile tragó saliva, escuchando aquello atentamente; sintiendo el remolino de pensamientos en su cabeza.... ¿Realmente él quería saber? ¿Era buena idea decirle?..... Y a pesar de que ella había hecho aquel dibujo tan claro, a pesar de toda la atención que ponía en él... si Akita le preguntaba, era porque no se daba cuenta de que él era a quien ella quería; y si no se daba cuenta, debía ser porque ni siquiera podía imaginarse con ella ¿No?.... además... "Hermanita". La palabra resonaba en sus oídos... en su momento le había agradado ser llamada así por él. Le había agradado ser tomada en cuenta por él y que esa palabra significara su amistad... incluso ahora le agradaba, pues de alguna manera, la hacía sentir importante. Pero le daba miedo que esa misma palabra significara un muro... una montaña, que le impidiera ser algo más para el.... temía que con esa frase, él le estuviera dando a entender el único lugar que ocupaba para él.
Quizá, después de todo, no era buena idea confesarse así... no en ese momento, no bajo esa pregunta... no ante la incertidumbre y dudas de ambos.
― ¿Para qué quieres saber? ― dijo ella, escapando a las preguntas.
― mmmm... ― él pareció pensarlo durante un par de segundos ― ... si tú me dices, te diré... no tiene caso decirlo antes. Por favor dime ¿Quién es él?
Su corazón latía con demasiada fuerza, sentía algo oprimiendo su torso y un enorme nudo en la garganta ― No sé que tan buena idea sea decirte... ― volvió a irse por la tangente.
― Prometo que no te juzgaré.... ni le diré a él. Anda, dímelo ya, por favor ― casi suplicó, Akita.
Y en eso, él se puso de pie frente a ella, mirándola fijamente a los ojos. Fue un momento que le hizo querer gritarle que lo quería... que amaba su mirada... que esa misma mirada que le estaba brindando en ese momento, la derretía y que provocaba que ella quisiera abrazarlo para siempre, ocultarlo y cuidarlo ante la vulnerabilidad que esa cálida mirada le mostraba. Que quería mirar para siempre esos ojos... ese mar de emociones y cosas que ella veía en ese par de cristales. Pero todo eso lo mantuvo oculto... perdiéndose a cada segundo en los ojos castaños.
Ella abrió los labios, trémulos; exhalando su miedo... Probablemente no habría otro momento.
De pronto, las luces de un auto que se estacionaba frente a la acera donde estaban ellos, la hizo sentir vulnerable y expuesta. Quiso cobijarse y ocultar esa sensación entre los brazos de él y volver a ser abrazada.
Pero todo momento íntimo entre ellos, fue interrumpido por el sonar del claxon de ese mismo auto, provocando que ella girara el rostro en esa dirección.
Y palideció. Porque su tío el menor, la miraba fijamente al otro lado del parabrisas; esperándola. Y ahí estaba ella, expuesta... mostrándo esos sentimientos, ese acercamiento con Akita... cosas que ellos en el auto, aún desconocían.
― D-debo ir-me ― tartamudeó Yami, dejándolo desconcertado unos segundos. ― Han llegado por mi... ― e hizo una seña con la cabeza, en dirección a la camioneta.
― Oh... ya veo ― parecía que había comprendido la repentina incomodidad de la chica... ― Entonces... supongo que nos veremos el lunes ¿O no?
― Ajá...
― Y ya me dirás lo que te he preguntado ― insistió él. Luego se agachó para darle un beso en la mejilla ― Cuídate. Adiós.
― Adiós... tam-también cuídate.
Y sin más ella avanzó hacía la puerta ya abierta, de la camioneta. Luego subió.
Aún sentía el corazón en la garganta, provocándole un nudo y sus oídos ensordecidos por los latidos. Pero fue más vergonzoso al darse cuenta de que dentro de la camioneta, no solo estaba su tío menor y su madre; sino que también estaban otros miembros de su familia.
― Eeeeey, Yaaaami ― le dijo su tía Kaorumi, la hermana menor inmediata de su madre. ― ¿Quién era ese chico? ¿Tu novio?
― No. Me parece que eso sería si Hide (quién manejaba), no la hubiera interrumpido ― puntualizó Shinya, su otro tío ― Yo te habría dejado continuar, hasta hubiera mirado discretamente hasta que tú te dieras cuenta... o habría ido a dar una vuelta hasta que eso se solucionara. Era más que evidente, que estabas a mitad de algo... importante... y...
Yami se cubrió el rostro, demasiado avergonzada. No sabía ni como ocultarse.
― ¡Ya! ¿Podrían dejar de molestarla? ― cortó su madre ― No les incumbe lo que haya pasado.
― Pero no es tan guapo como para andar con él ― le dijo Kaorumi.
― ¿Qué no entendiste, que no te incumbe? ― repitió la mujer.
La joven suspiró, agradecida de que su madre la rescatara en esos momentos. Sin embargo, sentía un gran pesar en su ser.
*** Cuando luego de ese largo e incómodo viaje llegó a su casa, comió calladamente y agradeció que su madre no mencionara nada sobre lo sucedido. Ni siquiera se lo mencionó a su padre... esa mujer sonriente, era una buena cómplice. Esa debía ser la retribución por escuchar sus quejas de su matrimonio....
Así que tras eso, sonrió un poco; estaba más tranquila y animada. Ya había dado -casi- el avance necesario, para confesarse a Akita; pero no lo había hecho. Ahora ambos estaban lejos... aún así, se sentía más confiada... sin importar lo que hubiera pasado o lo que él creyera de ella, sentía que debía hacerlo. Y ya lo haría después; sin duda se confesaría el lunes.
Fue a su habitación y se tumbó en la cama, un poco nerviosa; tratando de confiar aún, en que todo iría bien. Pero, súbitamente cayó en cuenta de algo muy importante. Ese día era viernes, 12 de Febrero; lo que indicaba que el día domingo, sería 14. Sería San Valentin... y ella no vería a Akita en esa fecha.
Jamás le había dado importancia a ese día. Pero ahora...
Y también sintió ansiedad, porque sabía que Akita tenía otra chica; alguien a quien podía ver los fines de semana. A quien probablemente vería el domingo... ¿Que pasaría entonces, si ella aprovechaba la fecha? ¿O si se declaraba él?
Se cubrió el rostro con la almohada. La sola idea de que alguien más aprovechara la oportunidad que tuvo ella... la aterraba. Le dolía imaginar que llegaría el lunes y que Akita ya tendría novia...
Ahogó su grito con la almohada a la vez que lágrimas de desesperación corrían por su rostro.
Ya no podía hacer nada más.... tan sólo esperaría a que el lunes llegara. Y ese fin de semana, marcaría todo....
Así que cuando cruzó el umbral hacía el patio, estaba molesta, a pesar de que era viernes y eso significaba la entrada al fin de semana.
Pero de inmediato ese ánimo se desvaneció; pues a unos cuantos pasos de la entrada estaban Akita y Kenta. Fue obvio el por qué Yami se alegró... ― ¿Qué hacen aquí? ― les preguntó ― ¿No se supone que deberían entrar a clases?
― ¿Has visto la hora? ― inquirió el chico bajito.
― Si ya sé... es tarde....
― Entonces, ya no podemos entrar a clase. Ya sabes que la maestra se pone pesada si llegamos tarde... ― expuso Kenta.
― Además, no entrar a clases de vez en cuando, es divertido ― terció Akita, acercándose más a Yamile con una sonrisa.
Aquello dejó a la chica sin aliento durante un par de segundos. Aún tener a Akita tan cerca, era algo que la desconcertaba; porque en cuanto sentía la presencia del chico frente a ella, tenía el fuerte impulso de arrojarse sobre él, abrazarlo... y sí, de paso besarlo. Así que agachó la vista, sonrojada.
Cada vez le era más difícil ocultar lo que sentía....
De pronto recordó algo y alzó la vista de golpe para mirarlo; anoche le había dado el dibujo a Akita... ¿Lo habría visto ya? ¿Habría entendido lo que eso significaba? ¿Qué pasaría ahora? Y estuvo a punto de decirlo... sin tapujos, sin trabas ni indirectas... quizá eso era lo que Akita quería; lo que ella necesitaba. Confesándose así, frente a frente, podrían dejar las cosas en claro...
― ¿Qué pasa? ― preguntó Kenta, mirándolos. Cortando sin querer -o muy probablemente, a propósito- ese momento entre ellos.
― No... nada ― dijo ella, bajando de nuevo el rostro y sacudiendo la cabeza. Ya habría tiempo después...
Los tres comenzaron a caminar, mientras conversaban... aunque a la distancia cualquiera habría notado que ahí había una nota discordante... esa nota era Kenta. Los otros dos jovenes andaban y casi sin querer, mostraban más atención el uno por el otro, al grado de que básicamente ella sólo iba acompañando a Akita; pero claro, aquel chico de rasgos graciosos y pequeño, no iba a dejar que la chica a la que quería, estuviera muy cerca de alguien más.
― ¿Entonces Yamile? ¿Qué dices de eso? ― preguntó Kenta, tratando de llamar su atención a como fuera.
― ¿Ehh? ¿Sobre qué? ― Se vio obligada a preguntar ella, desconcertada y avergonzada; admitiendo con ésto, que tan poca atención le había prestado a su amigo ante la presencia del chico que le gustaba.
Kenta sonrió, un poco incómodo. No esperaba que ella lo ingorara... sin embargo, fue peor en cuando Akita la llamó y de inmediato ella acudió a él... debía ser doloroso para aquel chico ver ese tipo de situaciones, pero al parecer, a ellos no les importaba mucho.
― ¿Qué pasa? ― preguntó ella, en cuanto estuvo con la atención de vuelta en Akita.
― Me he torcido el tobillo... ¿Podría recargarme en ti? ― le dijo él.
Yami estuvo a punto de soltar una risa incrédula. Podía darse cuenta que Akita no era de esos chicos que se quejaban demasiado por una simple torcedura, que por demás, no debía ser grande porque lo había visto caminar como si nada.... por ello, no necesitaba usarla a ella como una especie de muleta. Sin embargo, le sonrió gustosa y accedió.
Entonces, él la dejo muda por un par de segundos. Pues en vez de utilizarla como recargadera, simplemente le dio un abrazo. Yami sintió como su cuerpo reaccionaba ante aquello... como sus mejillas se sonrojaban y como su piel hervía donde estaban los brazos de él. Pudo haber girado el rostro y haberlo besado... pero no se atrevió. No pensaba que un beso en esas circunstancias, fuera la mejor opción...
De pronto, Akita se separó sin quitarle uno de los brazos del hombro, y le hizo un ademán para que empezaran a caminar. Los tres avanzaron por la escuela, hasta llegar al patio trasero de la escuela, en donde se encontraron con varios amigos de Akita. El único chico al que ella reconoció fue a Yoshiro (aquel chico curioso de cabello semilargo y con el piercing en la lengua), pero de algún modo, pronto todos comenzaron a entablarle conversación.
Akita poco a poco se integró al grupo, y de algún modo, como ella llegó ahí por él, decidió que era mejor acoplarse y comenzó a hablar con un chico que llevaba una guitarra y que comenzó a tocar un par de canciones que a ella le gustaban. Era un chico alto, robusto y de cabello un poco claro. Ambos comenzaron a hablar bien, pero de algún modo, la mala memoria de Yamile hizo que no recordara su nombre. Aún así, eso no evitó que él si recordara el de ella y que se despidiera de ella... a veces ella misma pensaba, que era muy despistada con la gente; pero si que recordaría como él tocaba la guitarra...
***
Cuando Yamile regresaba al salón -únicamente seguida por Kenta, ya que Akita se había quedado con el resto de chicos-, Akane la esperaba en el pasillo con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándola tal como una madre miraría a sus hijos al pillarlos en alguna travesura.
― ¿Qué pasa? ― le preguntó la chica a su amiga, al mirarla en tal estado.
― Te saltaste la clase ― le dijo acusadoramente.
― Ah... ― estuvo a punto de reír ante tal comentario ― Llegué tarde, además me encontré con Akita y con Kenta... y conocí a.... ― pero Akane la interrumpió.
― Yamile Genji, usted no debería hacer eso...
Yami pasó de largo frente a ella, entró al salón y se sentó en su lugar habitual. Akane solía ser muy pesada y no quería que eso afectara su actual ánimo alegre. Quizá era algo muy egoísta, pues sólo estaba pensando en lo que ella quería... pero le molestaba mucho que su amiga se tomara esa actitud.
Así que el resto del día, Akane se mostró enojada con la chica... incluso Kenta parecía molesto, y no lo culpaba, pues todo el tiempo había sido "ignorado". Así que ese día ambos permanecieron sin prestarle atención a la chica.
***
Cuando Yamile salió, como su amiga seguía "enfadada" (aunque quizá el término correcto era "haciendo berrinche" por no poder aplacar a Yami), se quedó sola esperando a que pasaran por ella. De pronto, sintió cuando Takeshi le posó la mano en el hombro para hacerla voltear a verlo; pero cuando ella giró, su atención se centró de inmediato en el chico que venía caminando unos pasos por detrás de él.
Era irónico, que hace tan sólo unos meses habría prestado más atención al mismo Takeshi, sólo por el "encaprichamiento" que sintió por él...; pero que en ese instante, parecía que todo se hubiera invertido; e incluso involuntariamente, alguien como Akita llamaba aún más su atención.... ¿Sería ésto otro encaprichamiento?
Takeshi abrió y cerró la boca, en un ademán que indicaba claramente que quería decirle algo, pero no estaba muy seguro. Sin embargo, fue interrumpido por Akita, quien al estar a la misma distancia que ellos, le dijo a Yamile.
― Esteee... ¿Podría hablar contigo, sobre algo? ― Y le brindó una sonrisa cálida, desarmándola de cualquier posibilidad de rechazar aquello.
― Por supuesto. ― Entonces él le puso un brazo alrededor de los hombros y la apartó de Takeshi, que aún los miraba desconcertado.
Cuando ambos estuvieron suficientemente alejados, se detuvieron y ella agachó la vista "¿Ha llegado el momentó? - pensó - "¿Debo confesarme ahora, o esperar a que él hable?"
Sintió como sus manos comenzaban a temblar de nerviosismo. Y dio un respingo cuando su celular comenzó a vibrar, tras un mensaje.
― ¿Qué pasa? ― le preguntó Akita, al percatarse del sobresalto.
― No, nada... simplemente mi mamá, que me ha avisado que mi padre no ha regresado de trabajar. Y que pasara por mi en el auto de mi tío.
― Oh... ya veo ― dijo simplemente él. Suspiró y la miró fijamente a la cara. Luego se hizo un silencio un poco corto...
― Hermanita... ― Comenzó a decirle él. ― Sé que últimamente has estado... triste... y he leído en internet, que hay alguien que te gusta. ― Ella sintió miedo... el momento se acercaba ― Pero.... yo me preguntaba.... ¿Podrías decirme quién es esa persona? ― hizo una pausa ― ¿Quién te gusta? ¿A quién quieres tanto, hermanita?
Yamile tragó saliva, escuchando aquello atentamente; sintiendo el remolino de pensamientos en su cabeza.... ¿Realmente él quería saber? ¿Era buena idea decirle?..... Y a pesar de que ella había hecho aquel dibujo tan claro, a pesar de toda la atención que ponía en él... si Akita le preguntaba, era porque no se daba cuenta de que él era a quien ella quería; y si no se daba cuenta, debía ser porque ni siquiera podía imaginarse con ella ¿No?.... además... "Hermanita". La palabra resonaba en sus oídos... en su momento le había agradado ser llamada así por él. Le había agradado ser tomada en cuenta por él y que esa palabra significara su amistad... incluso ahora le agradaba, pues de alguna manera, la hacía sentir importante. Pero le daba miedo que esa misma palabra significara un muro... una montaña, que le impidiera ser algo más para el.... temía que con esa frase, él le estuviera dando a entender el único lugar que ocupaba para él.
Quizá, después de todo, no era buena idea confesarse así... no en ese momento, no bajo esa pregunta... no ante la incertidumbre y dudas de ambos.
― ¿Para qué quieres saber? ― dijo ella, escapando a las preguntas.
― mmmm... ― él pareció pensarlo durante un par de segundos ― ... si tú me dices, te diré... no tiene caso decirlo antes. Por favor dime ¿Quién es él?
Su corazón latía con demasiada fuerza, sentía algo oprimiendo su torso y un enorme nudo en la garganta ― No sé que tan buena idea sea decirte... ― volvió a irse por la tangente.
― Prometo que no te juzgaré.... ni le diré a él. Anda, dímelo ya, por favor ― casi suplicó, Akita.
Y en eso, él se puso de pie frente a ella, mirándola fijamente a los ojos. Fue un momento que le hizo querer gritarle que lo quería... que amaba su mirada... que esa misma mirada que le estaba brindando en ese momento, la derretía y que provocaba que ella quisiera abrazarlo para siempre, ocultarlo y cuidarlo ante la vulnerabilidad que esa cálida mirada le mostraba. Que quería mirar para siempre esos ojos... ese mar de emociones y cosas que ella veía en ese par de cristales. Pero todo eso lo mantuvo oculto... perdiéndose a cada segundo en los ojos castaños.
Ella abrió los labios, trémulos; exhalando su miedo... Probablemente no habría otro momento.
De pronto, las luces de un auto que se estacionaba frente a la acera donde estaban ellos, la hizo sentir vulnerable y expuesta. Quiso cobijarse y ocultar esa sensación entre los brazos de él y volver a ser abrazada.
Pero todo momento íntimo entre ellos, fue interrumpido por el sonar del claxon de ese mismo auto, provocando que ella girara el rostro en esa dirección.
Y palideció. Porque su tío el menor, la miraba fijamente al otro lado del parabrisas; esperándola. Y ahí estaba ella, expuesta... mostrándo esos sentimientos, ese acercamiento con Akita... cosas que ellos en el auto, aún desconocían.
― D-debo ir-me ― tartamudeó Yami, dejándolo desconcertado unos segundos. ― Han llegado por mi... ― e hizo una seña con la cabeza, en dirección a la camioneta.
― Oh... ya veo ― parecía que había comprendido la repentina incomodidad de la chica... ― Entonces... supongo que nos veremos el lunes ¿O no?
― Ajá...
― Y ya me dirás lo que te he preguntado ― insistió él. Luego se agachó para darle un beso en la mejilla ― Cuídate. Adiós.
― Adiós... tam-también cuídate.
Y sin más ella avanzó hacía la puerta ya abierta, de la camioneta. Luego subió.
Aún sentía el corazón en la garganta, provocándole un nudo y sus oídos ensordecidos por los latidos. Pero fue más vergonzoso al darse cuenta de que dentro de la camioneta, no solo estaba su tío menor y su madre; sino que también estaban otros miembros de su familia.
― Eeeeey, Yaaaami ― le dijo su tía Kaorumi, la hermana menor inmediata de su madre. ― ¿Quién era ese chico? ¿Tu novio?
― No. Me parece que eso sería si Hide (quién manejaba), no la hubiera interrumpido ― puntualizó Shinya, su otro tío ― Yo te habría dejado continuar, hasta hubiera mirado discretamente hasta que tú te dieras cuenta... o habría ido a dar una vuelta hasta que eso se solucionara. Era más que evidente, que estabas a mitad de algo... importante... y...
Yami se cubrió el rostro, demasiado avergonzada. No sabía ni como ocultarse.
― ¡Ya! ¿Podrían dejar de molestarla? ― cortó su madre ― No les incumbe lo que haya pasado.
― Pero no es tan guapo como para andar con él ― le dijo Kaorumi.
― ¿Qué no entendiste, que no te incumbe? ― repitió la mujer.
La joven suspiró, agradecida de que su madre la rescatara en esos momentos. Sin embargo, sentía un gran pesar en su ser.
*** Cuando luego de ese largo e incómodo viaje llegó a su casa, comió calladamente y agradeció que su madre no mencionara nada sobre lo sucedido. Ni siquiera se lo mencionó a su padre... esa mujer sonriente, era una buena cómplice. Esa debía ser la retribución por escuchar sus quejas de su matrimonio....
Así que tras eso, sonrió un poco; estaba más tranquila y animada. Ya había dado -casi- el avance necesario, para confesarse a Akita; pero no lo había hecho. Ahora ambos estaban lejos... aún así, se sentía más confiada... sin importar lo que hubiera pasado o lo que él creyera de ella, sentía que debía hacerlo. Y ya lo haría después; sin duda se confesaría el lunes.
Fue a su habitación y se tumbó en la cama, un poco nerviosa; tratando de confiar aún, en que todo iría bien. Pero, súbitamente cayó en cuenta de algo muy importante. Ese día era viernes, 12 de Febrero; lo que indicaba que el día domingo, sería 14. Sería San Valentin... y ella no vería a Akita en esa fecha.
Jamás le había dado importancia a ese día. Pero ahora...
Y también sintió ansiedad, porque sabía que Akita tenía otra chica; alguien a quien podía ver los fines de semana. A quien probablemente vería el domingo... ¿Que pasaría entonces, si ella aprovechaba la fecha? ¿O si se declaraba él?
Se cubrió el rostro con la almohada. La sola idea de que alguien más aprovechara la oportunidad que tuvo ella... la aterraba. Le dolía imaginar que llegaría el lunes y que Akita ya tendría novia...
Ahogó su grito con la almohada a la vez que lágrimas de desesperación corrían por su rostro.
Ya no podía hacer nada más.... tan sólo esperaría a que el lunes llegara. Y ese fin de semana, marcaría todo....
sábado, 28 de diciembre de 2013
Capítulo 37: "Espontaneidad."
― ¿Así qué sabes tocar la guitarra? ― le preguntó Akane, a un sorprendido Akita.
Justo en ese momento, Akane, Yoshiki, Akita y por supuesto Yamile, estaban en la escuela. Ese día Akita se les había acercado, llevando consigo repentinamente, un escuche muy grande de una guitarra. Por ello la chica le había preguntado aquello.
― Ajáaa... podría decirse que si. ― dijo él.
― ¡Eso es genial! ― dijo entusiasta la chica. ― ¿Tú sabes tocar guitarra? ― le preguntó a su novio, mientras lo abrazaba por la cintura.
― Estoy en ello... ― contestó tímidamente el aludido.
Pero Yamile seguía mirando a Akita, que al darse cuenta de aquello, sacó la guitarra. Luego se recargó en la pared tras él y comenzó a mover los dedos sobre las cuerdas.
Yami lo escuchaba atenta, y pronto reconoció la canción. Se trataba de la canción de inicio de uno de los animes que Akita le había recomendado tiempo atrás; y aunque era muy sencilla la melodía y no requería realmente mucho esfuerzo de parte del chico, Yami quedó prendada de aquello.
― ¡Me gusta como suena! ― le dijo ella ― Ay, me gusta mucho esa canción... ¿Podrías enseñarme?
― ¿Te gusta la guitarra? ― le preguntó Akita ― ¿Sabes tocarla?
― Si, me gusta mucho. De hecho, ahora en las vacaciones pasadas, mis papás me han regalado una; pero no he conseguido tocarla correctamente aún... y no hay nadie que me enseñe. ¿Tú podrías?
― Pues... en realidad, tampoco sé mucho. Recientemente he comenzado con esto. ― Luego comenzó a entonar una canción relacionada con una famosa serie de peliculas sobre un mago adolescente.
― ¡Ah! ¡Enséñame! ― dijo ella, muy entusiasmada y extasiada por Akita ― No importa si no sabes mucho.
― Solo son... melodías simples. ― dijo él, sin dejarse halagar.
― Pero, aunque sean cosas simples, podrías enseñarme lo poco que sabes. Quizá aprendamos juntos. ― le respondió ella, provocando que finalmente, él accediera.
Lo cierto es que lo que más le emocionaba de aquello, no era aprender la guitarra simplemente; sino que fuese Akita su "maestro".
Últimamente, las cosas no iban muy bien entre ellos. Él estaba muy distante de todos en general, lo que le impedía a ella, tratar de ser más especifica con sus sentimientos; y el hecho de que hace unos días, ella se enterara de que por su culpa él estaba "mal"... pues no le hacía sentirse mejor.
Pero después de pensarlo mucho, Yamile había decidido que no se rendiría tan fácil. Trataría un poco más con Akita, pues él en verdad le gustaba... hasta que claro, él dejara muy en claro, que no tenía interés en ella.
Por ello, no se opuso cuándo al salir temprano de la escuela, él se ofreció a acompañarla; alegando que no tenía nada mejor que hacer. Pero ya que Akane vivía relativamente cerca de ella, los 3 habían tomado el mismo camión.
― ¿Por qué nos acompaña? ― le susurró Akane, mirando a Akita, que estaba un poco alejado de ellas.
― Se ofreció a acompañarme.... ― dijo Yami, como si eso fuera obvio.
― Eeeea... ― le dijo su amiga con una enorme sonrisa ― ¡Pilla!
― Ya, cállate ― le susurró nerviosa Yamile. Y de pronto, su amiga rió por lo bajo, mientras miraba a Akita. ― ¿Qué te pasa ahora?
― Miralo. ― dijo Akane, ahogando una risa ― Es tan alto... que tiene que ir encorvado. Supongo que realmente debe querer ir contigo, para aguantar esa pose...
― Te dije que te callaras...
― ¿Por qué? ¡Mira, tontita! ¡Te has sonrojado!
Yami giró el rostro, evitando ver a su amiga, y se topó con los ojos de Akita, quién en una seña, le indicó que frente a él había un par de asientos vacíos. Entonces Yami le hizo una seña a Akane, avanzó nerviosa hasta él y tomo asiento. Ambas se sentaron, y luego ella miró a Akita.
― ¿G.gustas darme el es..tuche? ― le preguntó ella con un temblor de ansiedad en la voz ― Para que no te estorbe.
Akita le sonrió y aceptó. Entonces ella lo tomó; le gustaba aquello. La hacía sentirse... más en confianza con él.
Luego de eso, los 3 fueron platicando el resto del camino; Yami iba distraida, hasta que de pronto, Akane le recordó que ahí debían bajar ellos dos.
― ¡Adiós tontita! Marcame en cuanto llegues a casa... o puedas hacerlo. ― le dijo su amiga sonriente.
Luego, ambos esperaron el camión, que los llevaba hasta la casa de Yami. Lo cierto es que ella lo notaba un poco desorientado, pero en ningún momento, dio señales de querer apartarse de ella. Ni siquiera cuándo una vez dentro de aquel camión, se sentó junto a ella y estaba en una pose muy incomoda.
Cuándo al cabo de un par de minutos, ellos bajaron, caminaron hacía la gran puerta del edificio donde ella vivía.
― Aquí es. ― dijo ella, sin querer despedirse aún.
― Oh, ya veo. ― él miró el lugar un par de segundos. ― ¿Damos una vuelta? ― preguntó finalmente.
Ella accedió y ellos comenzaron a caminar. Lo guió a través de calles, sin ir con un rumbo fijo; y de vez en cuándo, él se detenía a mirar alguna casa, o a comentar algo. Y aunque eran cosas vanas, ella se sentía a gusto. Estaba contenta caminando a su lado, aunque fuera algo tan sencillo como eso.
Fue en ese momento, cuándo ella se dio verdadera cuenta de que era esa actitud en él lo que le gustaba en serio: esa forma de hallar algo divertido en cualquier tontería o decir cualquier cosa y ser gracioso; porque era algo sumamente espontaneo. Eso le encantaba y le provocaba una sonrisa como ninguna.
Ella iba risueña pero sificientemente callada. Se sentía a gusto, pero también estaba nerviosa... sabía que estaba sonrojada y sentía a su corazón latir deprisa. Pero en cambio él, parecía tan natural a su lado...
¿Era cierto que ella lo hacía sentir mal?
Incluso, quiso aprovechar para decirle en ese momento, sobre sus sentimientos. ¿Cómo hacerlo? Pero finalmente desistió. Estaba disfrutando tanto de eso, que temía arruinar las cosas al decirle... Y suspiró. Ya se armaría de valor otro día; por ahora, solo disfrutaría esa sonrisas a su lado.
Cuándo finalmente empezó a atardecer y la temperatura bajó, ambos regresaron hasta la puerta del edificio dónde ella vivía.
― Supongo debo irme. ― dijo él.
― Si.... supongo. ― dijo ella con cierto pesar. Quería invitarlo a pasar... pero ¿Él querría? Además, seguramente su mamá los incomodaría.
¡Cómo quería ir y abrazarlo! Quería siempre ver esos ojos brillantes que él le estaba brindando... quería hacerlo tan feliz como pudiera.
En ese momento, Yami se dijo a si misma, que procuraría siempre hacerlo feliz; sin importar que tipo de relación hubiera entre ellos, ella siempre trataría de hacerlo sentir bien. Y de paso, ella quería ser especial para él... no quería ser sólo otra chica del monton que iba tras él; quería ser aún más.... tanto cómo él se lo permitiera.
Yami se sonrojo, al descubrirse a si misma teniendo esos pensamientos. ¿Qué es lo que este chico era capaz de hacerle pensar o sentir?
― ¿Sabes regresar por tu cuenta? ― preguntó finalmente ella, sintiendose un poco incomoda. Como una niña que ha sido pillada en un acto de travesura.
― Aaaah... ya averiguaré. ― él le sonrió, con esa confianza que la derretía por dentro. Como le gustaba esa sonrisa. ― Adiós. ― dijo, mientras él se acercaba, le plantaba un beso en la mejilla y luego la abrazaba.
Ella también se despidió, y lo vio caminar lejos. Esa fue la primera vez que sintió un vació al verle marchar, sin estar ella satisfecha de cortar su compañía... quería tenerlo aún a su lado.
Luego, ella entró a casa y suspiró.
Debería comenzar a plantearse, el como decirle a su madre sobre él... ¿no? Después de todo, hasta ahora, no había conocido a alguien tan importante para ella.
Justo en ese momento, Akane, Yoshiki, Akita y por supuesto Yamile, estaban en la escuela. Ese día Akita se les había acercado, llevando consigo repentinamente, un escuche muy grande de una guitarra. Por ello la chica le había preguntado aquello.
― Ajáaa... podría decirse que si. ― dijo él.
― ¡Eso es genial! ― dijo entusiasta la chica. ― ¿Tú sabes tocar guitarra? ― le preguntó a su novio, mientras lo abrazaba por la cintura.
― Estoy en ello... ― contestó tímidamente el aludido.
Pero Yamile seguía mirando a Akita, que al darse cuenta de aquello, sacó la guitarra. Luego se recargó en la pared tras él y comenzó a mover los dedos sobre las cuerdas.
Yami lo escuchaba atenta, y pronto reconoció la canción. Se trataba de la canción de inicio de uno de los animes que Akita le había recomendado tiempo atrás; y aunque era muy sencilla la melodía y no requería realmente mucho esfuerzo de parte del chico, Yami quedó prendada de aquello.
― ¡Me gusta como suena! ― le dijo ella ― Ay, me gusta mucho esa canción... ¿Podrías enseñarme?
― ¿Te gusta la guitarra? ― le preguntó Akita ― ¿Sabes tocarla?
― Si, me gusta mucho. De hecho, ahora en las vacaciones pasadas, mis papás me han regalado una; pero no he conseguido tocarla correctamente aún... y no hay nadie que me enseñe. ¿Tú podrías?
― Pues... en realidad, tampoco sé mucho. Recientemente he comenzado con esto. ― Luego comenzó a entonar una canción relacionada con una famosa serie de peliculas sobre un mago adolescente.
― ¡Ah! ¡Enséñame! ― dijo ella, muy entusiasmada y extasiada por Akita ― No importa si no sabes mucho.
― Solo son... melodías simples. ― dijo él, sin dejarse halagar.
― Pero, aunque sean cosas simples, podrías enseñarme lo poco que sabes. Quizá aprendamos juntos. ― le respondió ella, provocando que finalmente, él accediera.
Lo cierto es que lo que más le emocionaba de aquello, no era aprender la guitarra simplemente; sino que fuese Akita su "maestro".
Últimamente, las cosas no iban muy bien entre ellos. Él estaba muy distante de todos en general, lo que le impedía a ella, tratar de ser más especifica con sus sentimientos; y el hecho de que hace unos días, ella se enterara de que por su culpa él estaba "mal"... pues no le hacía sentirse mejor.
Pero después de pensarlo mucho, Yamile había decidido que no se rendiría tan fácil. Trataría un poco más con Akita, pues él en verdad le gustaba... hasta que claro, él dejara muy en claro, que no tenía interés en ella.
Por ello, no se opuso cuándo al salir temprano de la escuela, él se ofreció a acompañarla; alegando que no tenía nada mejor que hacer. Pero ya que Akane vivía relativamente cerca de ella, los 3 habían tomado el mismo camión.
― ¿Por qué nos acompaña? ― le susurró Akane, mirando a Akita, que estaba un poco alejado de ellas.
― Se ofreció a acompañarme.... ― dijo Yami, como si eso fuera obvio.
― Eeeea... ― le dijo su amiga con una enorme sonrisa ― ¡Pilla!
― Ya, cállate ― le susurró nerviosa Yamile. Y de pronto, su amiga rió por lo bajo, mientras miraba a Akita. ― ¿Qué te pasa ahora?
― Miralo. ― dijo Akane, ahogando una risa ― Es tan alto... que tiene que ir encorvado. Supongo que realmente debe querer ir contigo, para aguantar esa pose...
― Te dije que te callaras...
― ¿Por qué? ¡Mira, tontita! ¡Te has sonrojado!
Yami giró el rostro, evitando ver a su amiga, y se topó con los ojos de Akita, quién en una seña, le indicó que frente a él había un par de asientos vacíos. Entonces Yami le hizo una seña a Akane, avanzó nerviosa hasta él y tomo asiento. Ambas se sentaron, y luego ella miró a Akita.
― ¿G.gustas darme el es..tuche? ― le preguntó ella con un temblor de ansiedad en la voz ― Para que no te estorbe.
Akita le sonrió y aceptó. Entonces ella lo tomó; le gustaba aquello. La hacía sentirse... más en confianza con él.
Luego de eso, los 3 fueron platicando el resto del camino; Yami iba distraida, hasta que de pronto, Akane le recordó que ahí debían bajar ellos dos.
― ¡Adiós tontita! Marcame en cuanto llegues a casa... o puedas hacerlo. ― le dijo su amiga sonriente.
Luego, ambos esperaron el camión, que los llevaba hasta la casa de Yami. Lo cierto es que ella lo notaba un poco desorientado, pero en ningún momento, dio señales de querer apartarse de ella. Ni siquiera cuándo una vez dentro de aquel camión, se sentó junto a ella y estaba en una pose muy incomoda.
Cuándo al cabo de un par de minutos, ellos bajaron, caminaron hacía la gran puerta del edificio donde ella vivía.
― Aquí es. ― dijo ella, sin querer despedirse aún.
― Oh, ya veo. ― él miró el lugar un par de segundos. ― ¿Damos una vuelta? ― preguntó finalmente.
Ella accedió y ellos comenzaron a caminar. Lo guió a través de calles, sin ir con un rumbo fijo; y de vez en cuándo, él se detenía a mirar alguna casa, o a comentar algo. Y aunque eran cosas vanas, ella se sentía a gusto. Estaba contenta caminando a su lado, aunque fuera algo tan sencillo como eso.
Fue en ese momento, cuándo ella se dio verdadera cuenta de que era esa actitud en él lo que le gustaba en serio: esa forma de hallar algo divertido en cualquier tontería o decir cualquier cosa y ser gracioso; porque era algo sumamente espontaneo. Eso le encantaba y le provocaba una sonrisa como ninguna.
Ella iba risueña pero sificientemente callada. Se sentía a gusto, pero también estaba nerviosa... sabía que estaba sonrojada y sentía a su corazón latir deprisa. Pero en cambio él, parecía tan natural a su lado...
¿Era cierto que ella lo hacía sentir mal?
Incluso, quiso aprovechar para decirle en ese momento, sobre sus sentimientos. ¿Cómo hacerlo? Pero finalmente desistió. Estaba disfrutando tanto de eso, que temía arruinar las cosas al decirle... Y suspiró. Ya se armaría de valor otro día; por ahora, solo disfrutaría esa sonrisas a su lado.
Cuándo finalmente empezó a atardecer y la temperatura bajó, ambos regresaron hasta la puerta del edificio dónde ella vivía.
― Supongo debo irme. ― dijo él.
― Si.... supongo. ― dijo ella con cierto pesar. Quería invitarlo a pasar... pero ¿Él querría? Además, seguramente su mamá los incomodaría.
¡Cómo quería ir y abrazarlo! Quería siempre ver esos ojos brillantes que él le estaba brindando... quería hacerlo tan feliz como pudiera.
En ese momento, Yami se dijo a si misma, que procuraría siempre hacerlo feliz; sin importar que tipo de relación hubiera entre ellos, ella siempre trataría de hacerlo sentir bien. Y de paso, ella quería ser especial para él... no quería ser sólo otra chica del monton que iba tras él; quería ser aún más.... tanto cómo él se lo permitiera.
Yami se sonrojo, al descubrirse a si misma teniendo esos pensamientos. ¿Qué es lo que este chico era capaz de hacerle pensar o sentir?
― ¿Sabes regresar por tu cuenta? ― preguntó finalmente ella, sintiendose un poco incomoda. Como una niña que ha sido pillada en un acto de travesura.
― Aaaah... ya averiguaré. ― él le sonrió, con esa confianza que la derretía por dentro. Como le gustaba esa sonrisa. ― Adiós. ― dijo, mientras él se acercaba, le plantaba un beso en la mejilla y luego la abrazaba.
Ella también se despidió, y lo vio caminar lejos. Esa fue la primera vez que sintió un vació al verle marchar, sin estar ella satisfecha de cortar su compañía... quería tenerlo aún a su lado.
Luego, ella entró a casa y suspiró.
Debería comenzar a plantearse, el como decirle a su madre sobre él... ¿no? Después de todo, hasta ahora, no había conocido a alguien tan importante para ella.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Capítulo 36: "¿Qué se supone que deba sentir? Todo por ti..."
Yamile iba conversando con Akane; ambas iban caminando por el patio en dirección a la salida.
Como eran los primeros días del segundo semestre, no tenían demasiadas cosas que hacer; por ello podían desperdiciar la mayoría de tiempo, paseando por ahí. E iban solas, porque el resto de sus amigos ahora preferían pasar el tiempo en el gimnasio, entrenando. (Takeshi, Kenichi y Kenta también se habían unido al equipo de artes marciales, con Akita)
Lo cierto es que Yami se las había apañado para convencer a su amiga de dejar a Yoshiki a solas un rato, disfrutando de sus amigos; lo que le dio a ambas, la oportunidad de platicar en confidencia también.
Y aunque al principio Akane accedió, al cabo de un par de horas comenzó a mostrarse ansiosa por ver a su novio: por eso, ahora ambas buscaban al grupo de amigos de Yoshiki. Y aunque Yami no lo admitiera, quería ver a Akita, ya que de algún modo, ella también había visto que él solía pasar algo de tiempo con Yoshiki.
― ¡Mira! ― dijo Akane con un dejo de alegría en la voz ― ¡Allá está! ― y señaló en dirección a un chico delgado y de cabello en puntas, que aún se encontraba muy lejos.
― ¿Estás segura? ― preguntó Yamile, que no alcanzaba a ver muy bien ― ¿Cómo has podido verle desde acá?
― Lo conozco; además es mi novio y ya quiero verlo.
Yami sonrió a medias. Y repentinamente fue jalada del brazo por una ansiosa Akane que caminaba a grandes zancadas.
― ¡Hola! ― le dijo Akane a Yoshiki, rodeandole los hombros con los brazos. El chico sonrió y le susurró algo; luego la beso. Todo eso provocó que Yamile comenzara a sentirse un poco incomoda en medio de esa escena cursi.
― Oh, por cierto. ― dijo Akane al separarse de su novio ― ¿Has visto a Akita?
― ¿Akita? Pues no, no lo he visto en un buen rato. No ha estado conmigo.
― Pensé que estaría... es que Yamile lo buscaba. ― En eso, se acercó y le susurró algo al oído. Lo que provocó cierto desconcierto en Yami, ya que Yoshiki la vio con cierta sonrisilla pícara.
― No. Tiene algo de tiempo que ya no lo tengo pegado a mis talones. ― dijo él ― Espero lo encuentres.
Luego, la pareja se despidió y ellas volvieron a su caminata.
― ¿Q.qué le has dicho? ― preguntó algo insegura Yamile, pues no sabía si era correcto preguntar.
― Eso ya no importa ― le dijo entre risas.
― Yo no quería buscarlo... le mentiste. ― dijo Yami, a sabiendas de que eso no era del todo cierto.
― No fue mentira, yo sé que si. Además, el ver tu cara toda sonrojada, valió la pena.
De pronto, Akane se detuvo de golpe. Miraba anonadada una escena que sucedía un par de metros adelante: Akita iba con una gran sonrisa en el rostro, mientras caminaba acompañado de una chica delgada, pequeña, de largo cabello, y a la que no le pudieron ver la cara porque iba de espaldas a ellas.
Yami miró lo mismo que Akane, quién de inmediato la tomo de la mano y la alejó de aquel sitio.
― ¡Hey!.... ¡Hey! ― dijo Yami entre jadeos, tratando de mantener el ritmo de su amiga ― ¡¿Qué diablos... estás... haciendo?! ― finalmente Akane se detuvo, cuándo ya estaban bastante alejadas del edificio de aulas.
― Eso... eso no fue... bueno. ― le respondió su amiga, también hiperventilando.
― ¿Por qué me arrastraste hasta acá? ― le preguntó Yami, una vez que recuperó el aliento.
― ¿Qué no viste eso?
― ¿El qué? ― preguntó Yami algo confundida ― ¿A Akita?
― Si. Pensé que eso no era bueno para ti ― Akane la miró aún más confundida ― ¿O qué no estás celosa?
― Oh, eso. Pues, no es la primera vez que lo veo con alguna chica. ― le dijo Yamile ― Además, no tengo ningún motivo para sentirme celosa de eso; no es como si él y yo fuésemos algo.
― ¿Qué? ¿No sientes nada al verlo así? Yo conozco a esa chica, y no....
― No. ― dijo Yami interrumpiendola ― No me siento celosa... ya te dije que no veo porque estarlo. Él es libre de hacer lo que quiera, ya que no es nada mio.
― Pero... ― Akane parecía desconcertada.
Yami se sentó en una de las jardineras cercanas. ― Además, ni siquiera estoy segura de lo que él siente por mi. ¿Por qué armar toda esta pantomima y alejarme de ahí, solo por eso?
Lo cierto es que aunque no sentía celos, si se sentía extraña:
En primera, aunque no le había visto la cara, con solo ver caminar a la chica, la había reconocido. Ella también conocía a esa chica: era ella quién le hacía desaires con la mirada a Yami; quién al verla caminar, la barría con la mirada, y quién al pasar a su lado la empujaba. No conocía a la chica, pero le caía mal que la tratara mal, sin siquiera conocerla. Y le exasperaba verla a un lado de Akita, y que él le sonriera tan abiertamente.
Además, también extrañaba a Akita, porque ultimamente no había pasado demasiado tiempo con él; y aunque entendía que era debido a los exámenes y que él debía presentar para aprobar las materias, quería poder pasar más tiempo a su lado. Porque también temía que hubiera otro motivo para alejarse de ella...
Pero si todo eso era por el bien de él.
Akane la miró y suspiró ― Eres taaaan tontita. Pero supongo que sí está bien para ti.... regresemos al salón.
Fue al entrar, cuándo Yamile tuvo en verdad ganas de llorar: Akita parecía volver a estar decaído. Estaba sentado de nuevo al fondo del salón, sentado en una banca con la cabeza sobre la mesilla, y cubierto por su chamarra.
― ¿Qué ha pasado? ― preguntó en cuanto Kenta se acercó a ella.
Él chico que al parecer sólo iba a saludarla, pareció que se molestó por que alguien más le robaba la atención de la chica; aún así le respondió. ― No lo sé. Hace un instante estaba bien y platiqué con él; pero al entrar aquí... supongo que es todo el estrés de la escuela y las clases de judo y... ― pero Yami no lo siguió escuchando. Estaba preocupada, mirando a ese chico.
¿Sería verdad que era la escuela? ¿Las clases de judo? ¿Los exámenes?.... ¿Cómo podía ayudarlo?
― No creo que sea buena idea que tú vayas. ― le dijo la voz de Kenichi a sus espaldas.
― ¿Eh? ― preguntó ella sobresaltada ― ¿Por qué lo dices?
― Aaaaaam... recuerdas qué... tú me dijiste que averiguara de él ¿No? ― le dijo pausadamente su amigo.
― Ajá.
― Pues. ― Suspiró. ― Tú eres el motivo.
Yami lo escuchó atentamente: ¿Yo? La idea no acaba de entrarle a la cabeza. ¿Cómo era posible que ella le provocara aquello?
En ese caso... ¿No era mejor que ella se retirara, para que él dejara de sentir eso?
Ella suspiró. Ciertamente se sentía mucho más frustrada que antes....
Como eran los primeros días del segundo semestre, no tenían demasiadas cosas que hacer; por ello podían desperdiciar la mayoría de tiempo, paseando por ahí. E iban solas, porque el resto de sus amigos ahora preferían pasar el tiempo en el gimnasio, entrenando. (Takeshi, Kenichi y Kenta también se habían unido al equipo de artes marciales, con Akita)
Lo cierto es que Yami se las había apañado para convencer a su amiga de dejar a Yoshiki a solas un rato, disfrutando de sus amigos; lo que le dio a ambas, la oportunidad de platicar en confidencia también.
Y aunque al principio Akane accedió, al cabo de un par de horas comenzó a mostrarse ansiosa por ver a su novio: por eso, ahora ambas buscaban al grupo de amigos de Yoshiki. Y aunque Yami no lo admitiera, quería ver a Akita, ya que de algún modo, ella también había visto que él solía pasar algo de tiempo con Yoshiki.
― ¡Mira! ― dijo Akane con un dejo de alegría en la voz ― ¡Allá está! ― y señaló en dirección a un chico delgado y de cabello en puntas, que aún se encontraba muy lejos.
― ¿Estás segura? ― preguntó Yamile, que no alcanzaba a ver muy bien ― ¿Cómo has podido verle desde acá?
― Lo conozco; además es mi novio y ya quiero verlo.
Yami sonrió a medias. Y repentinamente fue jalada del brazo por una ansiosa Akane que caminaba a grandes zancadas.
― ¡Hola! ― le dijo Akane a Yoshiki, rodeandole los hombros con los brazos. El chico sonrió y le susurró algo; luego la beso. Todo eso provocó que Yamile comenzara a sentirse un poco incomoda en medio de esa escena cursi.
― Oh, por cierto. ― dijo Akane al separarse de su novio ― ¿Has visto a Akita?
― ¿Akita? Pues no, no lo he visto en un buen rato. No ha estado conmigo.
― Pensé que estaría... es que Yamile lo buscaba. ― En eso, se acercó y le susurró algo al oído. Lo que provocó cierto desconcierto en Yami, ya que Yoshiki la vio con cierta sonrisilla pícara.
― No. Tiene algo de tiempo que ya no lo tengo pegado a mis talones. ― dijo él ― Espero lo encuentres.
Luego, la pareja se despidió y ellas volvieron a su caminata.
― ¿Q.qué le has dicho? ― preguntó algo insegura Yamile, pues no sabía si era correcto preguntar.
― Eso ya no importa ― le dijo entre risas.
― Yo no quería buscarlo... le mentiste. ― dijo Yami, a sabiendas de que eso no era del todo cierto.
― No fue mentira, yo sé que si. Además, el ver tu cara toda sonrojada, valió la pena.
De pronto, Akane se detuvo de golpe. Miraba anonadada una escena que sucedía un par de metros adelante: Akita iba con una gran sonrisa en el rostro, mientras caminaba acompañado de una chica delgada, pequeña, de largo cabello, y a la que no le pudieron ver la cara porque iba de espaldas a ellas.
Yami miró lo mismo que Akane, quién de inmediato la tomo de la mano y la alejó de aquel sitio.
― ¡Hey!.... ¡Hey! ― dijo Yami entre jadeos, tratando de mantener el ritmo de su amiga ― ¡¿Qué diablos... estás... haciendo?! ― finalmente Akane se detuvo, cuándo ya estaban bastante alejadas del edificio de aulas.
― Eso... eso no fue... bueno. ― le respondió su amiga, también hiperventilando.
― ¿Por qué me arrastraste hasta acá? ― le preguntó Yami, una vez que recuperó el aliento.
― ¿Qué no viste eso?
― ¿El qué? ― preguntó Yami algo confundida ― ¿A Akita?
― Si. Pensé que eso no era bueno para ti ― Akane la miró aún más confundida ― ¿O qué no estás celosa?
― Oh, eso. Pues, no es la primera vez que lo veo con alguna chica. ― le dijo Yamile ― Además, no tengo ningún motivo para sentirme celosa de eso; no es como si él y yo fuésemos algo.
― ¿Qué? ¿No sientes nada al verlo así? Yo conozco a esa chica, y no....
― No. ― dijo Yami interrumpiendola ― No me siento celosa... ya te dije que no veo porque estarlo. Él es libre de hacer lo que quiera, ya que no es nada mio.
― Pero... ― Akane parecía desconcertada.
Yami se sentó en una de las jardineras cercanas. ― Además, ni siquiera estoy segura de lo que él siente por mi. ¿Por qué armar toda esta pantomima y alejarme de ahí, solo por eso?
Lo cierto es que aunque no sentía celos, si se sentía extraña:
En primera, aunque no le había visto la cara, con solo ver caminar a la chica, la había reconocido. Ella también conocía a esa chica: era ella quién le hacía desaires con la mirada a Yami; quién al verla caminar, la barría con la mirada, y quién al pasar a su lado la empujaba. No conocía a la chica, pero le caía mal que la tratara mal, sin siquiera conocerla. Y le exasperaba verla a un lado de Akita, y que él le sonriera tan abiertamente.
Además, también extrañaba a Akita, porque ultimamente no había pasado demasiado tiempo con él; y aunque entendía que era debido a los exámenes y que él debía presentar para aprobar las materias, quería poder pasar más tiempo a su lado. Porque también temía que hubiera otro motivo para alejarse de ella...
Pero si todo eso era por el bien de él.
Akane la miró y suspiró ― Eres taaaan tontita. Pero supongo que sí está bien para ti.... regresemos al salón.
Fue al entrar, cuándo Yamile tuvo en verdad ganas de llorar: Akita parecía volver a estar decaído. Estaba sentado de nuevo al fondo del salón, sentado en una banca con la cabeza sobre la mesilla, y cubierto por su chamarra.
― ¿Qué ha pasado? ― preguntó en cuanto Kenta se acercó a ella.
Él chico que al parecer sólo iba a saludarla, pareció que se molestó por que alguien más le robaba la atención de la chica; aún así le respondió. ― No lo sé. Hace un instante estaba bien y platiqué con él; pero al entrar aquí... supongo que es todo el estrés de la escuela y las clases de judo y... ― pero Yami no lo siguió escuchando. Estaba preocupada, mirando a ese chico.
¿Sería verdad que era la escuela? ¿Las clases de judo? ¿Los exámenes?.... ¿Cómo podía ayudarlo?
― No creo que sea buena idea que tú vayas. ― le dijo la voz de Kenichi a sus espaldas.
― ¿Eh? ― preguntó ella sobresaltada ― ¿Por qué lo dices?
― Aaaaaam... recuerdas qué... tú me dijiste que averiguara de él ¿No? ― le dijo pausadamente su amigo.
― Ajá.
― Pues. ― Suspiró. ― Tú eres el motivo.
Yami lo escuchó atentamente: ¿Yo? La idea no acaba de entrarle a la cabeza. ¿Cómo era posible que ella le provocara aquello?
En ese caso... ¿No era mejor que ella se retirara, para que él dejara de sentir eso?
Ella suspiró. Ciertamente se sentía mucho más frustrada que antes....
martes, 17 de diciembre de 2013
Capitulo 35: "No te alejes."
Yamile iba avanzando por el pasillo en compañía de Akane: Era el primer día del nuevo ciclo, por eso ellas se habían vuelto a poner de acuerdo para verse antes de ingresar a la escuela, porque afortunadamente habían vuelto a quedar juntas otro semestre. Y ahora iban caminando hacia su salón.
Ambas iban platicando, contentas por las cosas. Ambas esperaban entrar y encontrarse con algunas personas en aquel salón. Akane, con Yoshiki... y por algun motivo, ella ansiaba ver los ojos de Akita.
Pero al entrar a aquel salón, ellos no estaban. Aunque si que había alguien que le incumbía a Yami:
― ¿Cómo mierdas, pudiste andar con ella? ― El amigo de Janao no reparó en bajar la voz, o en dejar de señalarla cuándo ella entró. Yami simplemente hizo lo posible por ignorarlo.
Janao en cambio, no decía nada... simplemente se limitaba a reír. Y cuándo Yami lo miró, una parte de ella se alegró de comprobar que tenía el brazo enyesado. Se lo merecía.
― Al menos gané. ― Dijo cinicamente él. Eso fue suficiente para hacerla explotar.
― ¡Basta Yamile! ¡Sal del salón ahora! ― se interpuso Akane al ver como ella comenzaba a temblar de ira.
― ¡No pienso obedecerte!
― ¡Dije que salgas! ― La tomó de la muñeca y la arrastró hasta el pasillo.
En cuanto la chica enfurecida estuvo fuera de la vista de Janao, golpeo la pared con fuerza. Estaba descargando todo su enojo en ese golpe.
― ¿Quién se cree él para andar hablando tan cinicamente?
― Es un patán.
― Eso no le da derecho... y menos el haber sido mi novio. Aaaaagh... estoy tan furiosa que quiero ir a golpearlo justo ahora.
― Relájate, no le des el placer de verte así... disfruta y así será peor para él. Ya verás. ― Akane le tomo la manó y le sonrió. ― Mejor vamos a la ceremonia de inauguración de semestre ¿Te parece?
― Suena aburrido...
― Probablemente, pero allá no lo verás.
Así que ambas comenzaron a caminar hacía el patio, y se toparon con Takeshi. Aquello fue sorpresivo para Yamile; no esperaba encontrarlo tan rápido.
Él le sonrió. Fue la sonrisa más sincera que haya visto, y aún así, a ella no le importó.
Fue un sentimiento extraño. Porque aunque agradecía el gesto, no le dio la misma importancia que antes de las vacaciones. Su punto de vista de Takeshi había cambiado.
Y ahí, a lo lejos estaba el motivo: Akita iba caminando por el patio, dándole la espalda a ella. Él era el motivo de que ella perdiera el interés en Takeshi; los roles entre ellos habían cambiado. Ahora tenía más prioridad Akita...
¿Qué tanto podría llegar a quererlo?
Ella lo miraba caminar, alejándose de ella. Y no pudo evitar sentir ansiedad... él la atraía y no lo quería lejos. Eso sólo podía significar una sola cosa: Akita le gustaba
― Akane, si. Si me gusta en serio.
― ¡¿Eh?! ¿Pero qué has dicho? En verdad.... ¿Lo has visto bien? ¿Cómo te gusta él?
― Tú lo dijiste alguna vez: Ese chiquillo es genial... es algo que veo en su mirada.
― ¿Y qué hay de Takeshi? ― Akane la miraba como si se hubiera vuelto loca.
― Ya no. Ya desde antes me había cansado de él... ¿Porque la insistencía en reavivar el interés por Takeshí? ― Yami la miró, tratando de descifrar algo en su rostro.
― No es nada en particular.
― Pues de ser así, ya lo he dicho... Akita me gusta y necesito que me ayudes.
― ¿Ayudarte? ¿En qué?
― Escuché por boca de él (o mejor dicho, leí entre letras) que reprobó sus materias. Necesito que me ayudes a buscar, que sucederá con él a partir de ahora.
― Eso está bien. Aunque si aún las debe... sabes qué es lo que sucedera ¿No?
Lo sabía y eso la ponía ansiosa. Porque no quería que él se alejara.... no ahora.
¿Qué tanto más tendría que esperar?
Ambas iban platicando, contentas por las cosas. Ambas esperaban entrar y encontrarse con algunas personas en aquel salón. Akane, con Yoshiki... y por algun motivo, ella ansiaba ver los ojos de Akita.
Pero al entrar a aquel salón, ellos no estaban. Aunque si que había alguien que le incumbía a Yami:
― ¿Cómo mierdas, pudiste andar con ella? ― El amigo de Janao no reparó en bajar la voz, o en dejar de señalarla cuándo ella entró. Yami simplemente hizo lo posible por ignorarlo.
Janao en cambio, no decía nada... simplemente se limitaba a reír. Y cuándo Yami lo miró, una parte de ella se alegró de comprobar que tenía el brazo enyesado. Se lo merecía.
― Al menos gané. ― Dijo cinicamente él. Eso fue suficiente para hacerla explotar.
― ¡Basta Yamile! ¡Sal del salón ahora! ― se interpuso Akane al ver como ella comenzaba a temblar de ira.
― ¡No pienso obedecerte!
― ¡Dije que salgas! ― La tomó de la muñeca y la arrastró hasta el pasillo.
En cuanto la chica enfurecida estuvo fuera de la vista de Janao, golpeo la pared con fuerza. Estaba descargando todo su enojo en ese golpe.
― ¿Quién se cree él para andar hablando tan cinicamente?
― Es un patán.
― Eso no le da derecho... y menos el haber sido mi novio. Aaaaagh... estoy tan furiosa que quiero ir a golpearlo justo ahora.
― Relájate, no le des el placer de verte así... disfruta y así será peor para él. Ya verás. ― Akane le tomo la manó y le sonrió. ― Mejor vamos a la ceremonia de inauguración de semestre ¿Te parece?
― Suena aburrido...
― Probablemente, pero allá no lo verás.
Así que ambas comenzaron a caminar hacía el patio, y se toparon con Takeshi. Aquello fue sorpresivo para Yamile; no esperaba encontrarlo tan rápido.
Él le sonrió. Fue la sonrisa más sincera que haya visto, y aún así, a ella no le importó.
Fue un sentimiento extraño. Porque aunque agradecía el gesto, no le dio la misma importancia que antes de las vacaciones. Su punto de vista de Takeshi había cambiado.
Y ahí, a lo lejos estaba el motivo: Akita iba caminando por el patio, dándole la espalda a ella. Él era el motivo de que ella perdiera el interés en Takeshi; los roles entre ellos habían cambiado. Ahora tenía más prioridad Akita...
¿Qué tanto podría llegar a quererlo?
Ella lo miraba caminar, alejándose de ella. Y no pudo evitar sentir ansiedad... él la atraía y no lo quería lejos. Eso sólo podía significar una sola cosa: Akita le gustaba
― Akane, si. Si me gusta en serio.
― ¡¿Eh?! ¿Pero qué has dicho? En verdad.... ¿Lo has visto bien? ¿Cómo te gusta él?
― Tú lo dijiste alguna vez: Ese chiquillo es genial... es algo que veo en su mirada.
― ¿Y qué hay de Takeshi? ― Akane la miraba como si se hubiera vuelto loca.
― Ya no. Ya desde antes me había cansado de él... ¿Porque la insistencía en reavivar el interés por Takeshí? ― Yami la miró, tratando de descifrar algo en su rostro.
― No es nada en particular.
― Pues de ser así, ya lo he dicho... Akita me gusta y necesito que me ayudes.
― ¿Ayudarte? ¿En qué?
― Escuché por boca de él (o mejor dicho, leí entre letras) que reprobó sus materias. Necesito que me ayudes a buscar, que sucederá con él a partir de ahora.
― Eso está bien. Aunque si aún las debe... sabes qué es lo que sucedera ¿No?
Lo sabía y eso la ponía ansiosa. Porque no quería que él se alejara.... no ahora.
¿Qué tanto más tendría que esperar?
lunes, 16 de diciembre de 2013
Capitulo 34: "Volvernos a ver."
Yamile miraba distraida la decoración y apariencia exterior de las casas; era un gusto y un hábito común que había tenido desde siempre; y que usaba para distraerse normalmente, cuándo esperaba a que la recibieran en casa de algún conocido. Por ello, estaba de espaldas a aquella casa, de la que pronto salieron...
De pronto, sintió que unos brazos le rodeaban los hombros; y casi se va de espaldas por el repentino peso. ― ¡Tontita! ― Dijo al mismo tiempo una voz aguda ― ¡Si viniste!
Yami seguía sobresaltada por la aparición repentina de Akane y su salto efusivo; por lo que tardó un poco un contestarle: ― ¡Cl.claro! Te dije que vendría por ti y aquí estoy. ― Entonces, se liberó de aquel peso y fuerza del abrazo.
― ¡Ay! Siento que han pasado eternidades. Ahora te veo un poco diferente... ― Akane miró a su amiga de arriba a abajo. ― ¡Vaya! Te ves con mucha mejor forma que antes.
― ¿Eh?
― Ajá... has adelgazado; se nota en lo delgado de la cintura y que se te ve mejor la cadera.
― Ah. ― dijo sintiéndose un poco abochornada. ― Bueno, he salido a correr muchos días y a hacer ejercicio.
― Pues de saber que me pondré así, seguiría tu ejemplo: me quitaría la flojera y también saldría a correr. ― Rió. ― ¡Me alegra tanto que estés aquí! Extraño pasar tiempo contigo.
― Bueno, ¡Ya no me extrañaraaaas! Ahora que nos volveremos a inscribir al siguiente periodo escolar, estaremos juntas de nuevo en clases, pronto.
― Ojala y si sea posible que estemos en el mismo grupo; de otro modo, extrañare a mi tontita favorita. ― Diciendo esto, le pellizco uno de su cachetes de forma "tierna".
― Espero que sí.... y ¡Oye! ¿¡Por qué siempre me andas diciendo tontita.?!
Akane dio unas cuantas risitas sordas y tardó un poco en responderle. ― Eso es porque eres sumamente despistada y has pasado muchas cosas por alto. Eso te hace una tontita.
― ¿Muchas cosas por alto? ¿Cómo qué?
― Baaaah. No le des importancía ahora. Supongo que en algún momento te darás cuenta...
― Pero...
― Ya. Ven, entremos a mi casa; que por salir a recibirte no he tomado mis cosas... antes de irnos, tengo que alistarme y despedirme de mi madre. ― Luego, ella entró a la casa, seguida de Yami; esta ultima, sintiéndose un poco incomoda por aquello.
Entraron a una parte de la casa, que era precisamente la cocina-comedor; entonces, la madre de Akane (a quién ella se parecía mucho), salió a recibirla.
Yamile la saludó y le sonrió amablemente, y la señora le correspondió. Aunque apenas la conocía y ya era una mujer muy mayor, ella le inspiraba algo de confianza; por ello, cuándo le indicó que tomara asiento, se sintió confiada en hacerlo y no tardó en iniciar una platica con ella.
Pero apenas habían pasado unos cuantos minutos, Akane salió de la que parecía ser su habitación, con su mochila en la mano. ― ¡Ya estoy lista! ― Se quedó mirando la escena unos segundos y prosiguió. ― Ya vamos Yamile. Má', ya me voy. ― Y sin más salió al patio de la casa seguida de su amiga, quién se despidió apresuradamente de la señora.
Cuándo ambas salieron a la calle, avanzaron hasta la parada de autobuses sin decir palabra.
― No te llevas bien con tu madre ¿O sí? ― le preguntó Yamile, rompiendo el silencio.
― ¿Eeeeh? ¿Por qué lo dices? ― parecía sorprendida.
― Por la forma de despedirte tan secamente y porque interactuaron poco. Además, no sueles hablar de ella... Tal vez, esto sólo sea mi impresión, pero... algo me dice que esa es la verdad.
Akane permaneció los siguientes segundos en silencio. Incluso subieron al transporte y ella permaneció callada. Finalmente, cuándo tomo asiento, suspiró y dijo: ― No, realmente no me llevo bien con ella. Al menos no desde... ― y se interrumpió.
― ¿Por qué no?... ¿Desde...? ― la insto a seguir.
― Desde que mi papá murió. ― Se le notaba que tenía un nudo en la garganta. ― Fue muy complicado pasar por ello. Yo la necesitaba; pero ella jamás estuvo ahí para ayudarme... ¡O siquiera a él!... pase por... todo eso, estando sola, pese a que... sólo tenía 12 años. Hubo muchas fricciones entre nosotras en ese momento, y desde entonces... no he podido volver a llevarme del todo bien con ella. ― Yami la miraba fijamente. ― Pienso que también se debe, a que toda mi vida, siempre preferí la compañía de papá.
Yamile se quedó callada, sin saber que decirle. Se notaba que decir aquello era muy difícil para su amiga, pero también bastante aliviador. Akane pareció notar el desconcierto de su amiga, porque sonrió y cambio de tema: ― Y qué me dices de ti... ¿Sigues sufriendo con tus sentimientos? ― le preguntó.
No había duda en que el tema anterior era complicado, y que era mejor no hablar de ello en ese instante; al menos así lo había decidido Akane. Realmente podía llegar a tener mucho coraje y fortaleza.
― Podría decirse de ese modo.
― ¿Podría?
Ya le había contado un poco de lo que había pasado en sus vacaciones, la última vez que conversaron por chat. Así que resumió un poco las cosas. ― Lo que quiero decir es que... con Janao ya dí todo por perdido: ha sido una mala elección, y he quedado sumamente decepcionada de él. Mas o menos sucede lo mismo con Takeshi; él siempre será algo especial por eso que sentí y que no ha mermado del todo... pero ya no pienso ir tras él.
― Parece ser que eso lo tienes ya en claro; pero, yo me refería a Akita. Ya me dijiste que durante las vacaciones cambió tu punto de vista y por qué... pero no me has dicho que tanto sientes.
― Con Akita, todo esto es diferente en muchos sentidos. Quizá realmente no quiero estar segura de lo que estoy sintiendo.
― ¿Por qué lo dices?
― Aammm... Realnente no sé explicarme bien. Lo que quiero dar a entender, es que... ya eché tantas cosas a perder con Tenshu y Takeshi; pero, con Akita es... diferente. Por ejemplo, aunque ya me había gustado alguien antes, esto que siento ahora no es lo mismo. Y como ya te dije, no he podido ni siquiera disfrutar el ver a otros chicos; porque aunque no es algo que me llamase la atención, no lo he hecho por ese motivo, si no porque pensaba en él.... fue extraño. Él es diferente a los anteriores; por mis sentimientos y su forma de ser.
― Suena algo... comprensible y también complicado. Tontita.
Suspiró. ― Por otra parte, todo esto ha sucedido durante las vacaciones. Nuestra interacción era solamente a través del monitor. Eso me hace pensar si no será ese el motivo de esa diferencia....
― Eso que dices sentir diferente... ¿Es diferente a por cómo lo sientes, o por la intensidad con qué lo sientes? Y respecto a lo otro, es razonable tener miedo a que ya no sea lo mismo; por eso deberían citarse y verse de frente. Así te aclararas.
― Esto es diferente, porque de algún modo, siento que lo respeto más que a ellos y le tengo un cariño más... inocente. Lo quiero más, y eso es algo que me ha resultado más que obvio; pero no sé si esto pueda ser llamado aún "amor".... Aaaaagh, estoy taaaan confundida.... Él es tan diferente al tipo de chicos que normalmente me gustaban; su personalidad no encaja, y mucho menos su físico. No es el chico del que me fijaría a simple vista.
― Suena a que estás haciendo "de tripas, corazón..."; realmente te estás complicando mucho. Quizá al verlo no te guste, porque también debería gustarte físicamente; eso es primordial. Por eso, quizá todo esto, realmente no sea nada. Por eso, insisto en que debes verlo de frente y desengañarte; también deberías ver a Takeshi, que seguro aún lo quieres.
― Ja. ― Yami estuvo a punto de replicarle mil cosas; pero pensó en que no tendría sentido, por lo que solamente le dijo: ― No creo querer, el ver a Takeshi por ahora.
― Pero pienso que lo necesitas. Además, no sería justo para él que lo evitaras... no ahora.
― ¿Y cómo diablos voy a saber lo qué es justo para él? Ja, eso ahora me viene valiendo...
Se quedaron calladas y Yamile miró por la ventana, pensando. Entonces se percató:
― ¡Akane! ¡Aquí bajamos!
Ambas rieron, se pusieron en pie y bajaron del autobus. Luego, comenzaron a caminar por la acera, hacía la puerta de la escuela.
Pero, justo antes de entrar, escuchó que alguien gritaba su nombre e incluso silbaba para llamar su atención; por lo que se detuvo y miro alrededor. Y Akane que también estuvo buscando el origen de aquello, señaló en una dirección; así Yami pudo ver a Akita avanzando hacia ellas, con una sonrisa en el rostro.
Y por primera vez, Yami tuvo un impacto diferente al verlo; porque aunque no era la primera vez que se alegraba enormemente al verlo y sonreía, esa fue la primera vez que sintió a su corazón latir así de veloz.
Es que Akita se le veía mucho mas radiante que antes de las vacaciones. Ahora sonreía al compás de sus ojos que brillaban bastante alegres y cálidos. Incluso lucía bastante bien, pues había cambiado un poco su look; el cabello del flequillo había crecido, su rostro ya no era tan redondeado y su cuerpo se había estirado un poco más. Su ropa (que ahora consistía de una camisa de vestir a cuadros en colores azules, jeans y zapatos de vestir, ambos en color negro) se le veía ceñida al cuerpo, diferente... era como si también hubiera aumentado la masa muscular en brazos y piernas.
¿Cómo había logrado cambiar tanto en tan poco tiempo? Aquello dejo a Yami sin palabras y casi con la boca abierta.
― ¡Hola! ― les dijo con algarabía. Y Akane le respondió de inmediato; pero como Yami se tardó un poco más en responder, él se acercó y terminó por besarle la mejilla.
― H.hola. ― respondió ella finalmente.
― Me alegra mucho el poder verlas. ― No le quitaba los ojos de encima a Yamile, quién casi no hablaba.
― Sip ― Dijo Akane. ― Es bueno encontrarse de nuevo; los cambios te dejan sin habla. ― Y dicho esto le dio un codazo a Yami. ― ¿Has venido a reinscribirte?
― Aaaajá. Algo parecido... ¿Entramos? ― y cruzó la reja hacía el patio de la escuela.
― Ea. ¡Te has sonrojado de tan solo verlo! ― le susurró Akane a su amiga.
― N.no es cierto.... ― tartamudeo Yamile.
― ¡Claro que sí! Debiste haberte visto.... tan adorable.
― No me vi adorable, y no me sonroje. ― Pero ella incluso había notado que si, le había subido la temperatura. Y darse cuenta de ello y pensar que él no pudo haber notado, sólo sirvió para hacerla colorar más.
― ¡Mirate ahora! Y de solo mirar a alguien por quién ni sabes que onda.... Imagina como te pondrás si llegas a toparte con Takeshi; de seguro la reacción será mejor, por gustarte más él.
― ¡Ya cállate!
― Oi.... que brusca.
― No hables de esto. No quiero que Akita te escuché.
Pero algo era cierto... al verlo caminar frente a ella, con ese andar y su fuerte espalda; estaba nerviosa, y no por la asignación de grupos y reinscripción. Él la ponía nerviosa.
Quería ir y declararse ahora mismo. Ya lo había confirmado: Él si le gustaba.
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